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El espíritu del niño muerto, Lo desconocido, El susto de mi vida, ¿Con quién duermen?, La dama de negro

El susto de mi vida

Antes de contarles mi historia, quiero decirles que lo que van a leer a continuación es 100% real y no ficción. Me ocurrió a mí, por lo mismo les aseguro que todo fue así y no de otra manera.

Bueno, mi nombre es “Tomas.” y tengo actualmente 21 años. Soy chileno y vivo en la ciudad de Santiago. Tengo un amigo llamado “David.” el cual durante alrededor de 5 a 6 años me contó que de vez en cuando en su casa pasaban “cosas”. Yo un tanto incrédulo me reía de esto y algunas veces lo molestaba. Eran muy conocidas sus historias en nuestro círculo de amigos, las cuales creo que ninguno de nosotros podía creer. Recuerdo que era un día viernes del año 2000 (no recuerdo el mes) y el sábado por la mañana teníamos que viajar temprano con 2 amigos más. Así que estuvimos todo el viernes en su casa, desde las 13:00 hrs. en adelante. Cuando llegamos los cuatro a su casa, antes de entrar nos miramos y nos reímos a modo de burla sobre todo lo que “D.” nos había contado. “David.” abrió la puerta, pasamos por el antejardín y llegamos a la puerta principal de la casa. Al abrirla sonaron las campanillas, que ya nos eran muy familiares y entramos. A nuestra derecha se encontraba la puerta que daba hacia el living, al frente la puerta de la cocina y a nuestra izquierda el baño de visitas y junto a él, la escalera al segundo piso, donde se encontraban las habitaciones. Subimos por las escaleras hacia el cuarto de “David.” y noté cuadros nuevos en la muralla y le dije a “David.”:

Oye “David.” pusiste cuadros nuevos… están muy buenos. A si, es que los anteriores se rompieron. ¿Se rompieron? Si, al caerse. Se salvaron 4 de los 10 cuadros que había, además ya estaban muy viejos. Mi abuela los cambió. Igual no están mal. Se ven bien estos nuevos.

La reacción con mis otros dos amigos fue entre un poco de susto y risa al mismo tiempo.  Bueno, en el segundo piso hay cuatro cuartos, uno de sus dos abuelos (los dueños de la casa), el de sus padres, el de sus hermanos chicos (que son 3) y el de él y el de su hermano mayor, este ultimo cuarto está junto a la escalera. Entramos en su cuarto y dejamos nuestras cosas ahí. Almorzamos y luego trabajamos durante la tarde en nuestros estudios. Eran ya como las 20:30 hrs. y “David.” nos ofreció quedarnos a dormir en su casa ya que era un tanto tarde y al otro día todos deberíamos viajar fuera de la ciudad, creanme que no fue una decisión fácil. Que pasa si todas las historias que nos ha contado son verdad. Estoy seguro que en ese momento mis otros amigos pensaron lo mismo que yo. Después de alrededor de 5 minutos “David.” me convenció y accedí a quedarme. Mis otros amigos inventaron algo y se fueron a sus casas. En tanto llego el hermano de “David.”, se llama “Faito.” y duerme en el mismo cuarto que “David.”, tienen un camarote y bajo él una cama para visitas. Estuvimos hasta altas horas de la noche conversando y hablando de la vida, hasta que por las fuertes risas, los padres de “David.” nos hicieron callar y nos obligaron a dormir. De todas maneras yo ya estaba muy cansado y los ojos se me cerraban. Ordenamos todo y nos quedamos dormidos. Habrán pasado algunas horas o minutos quizás, pero la cosa es que me desperté y todo estaba en silencio y oscuro, no sabia que hora era y estaba con tanto sueño que me dispuse a dormir de nuevo, pero en eso oí a “David.” que respiraba fuerte, me levanté un poco, ya que mi cama estaba casi a nivel del suelo junto a la de “David.” y noté que “David.” tiritaba. Lo toque y saltó del miedo, lo tranquilice y le pregunté que pasaba. ¿No escuchas los perros que ladran afuera? -me pregunto en susurro y con voz temblorosa. Emmm… si los escucho, ¿Qué pasa?, estás temblando. Mira, lo que pasa es que solo ladran tanto cuando algo va a ocurrir aquí.- Me dijo con cara de horror. Javi, tú me estas tomando el pelo. Tu lo que quieres es que me asuste para luego burlarte de mi en venganza, ¿no?. Pues. ¡Cállate y escucha! –Me dijo interrumpiendo. Que mierda pasa… -Nos pregunto “F.” despertando y con vos dormida.
-¡Cállense y escuchen! Algo va a pasar ¡No hablen! –Dijo “David.” y nos callamos los tres. Estuvimos alrededor de 10 minutos sin decir nada mientras alrededor de 10 perros ladraban afuera en la calle. En eso pasó algo que me dejó realmente los pelos de punta, las campanillas de la puerta principal sonaron. No podía ser nadie de la casa, ya que todos dormían. ¡Mierda! ¿Escuchaste eso? –Le pregunté a “David.”
-Por más que quieras decir algo, no hables. No hables que puede ser peor. – Dijo “David.” en vos muy baja.
No creía lo que estaba pasando, no podía ser cierto. Desde ese momento no dije nada. Solo escuché con mucho terror lo que pasó a continuación. En la planta baja se escuchaban pisadas. Luego algo o alguien subió por las escaleras corriendo y paró justo en la entrada del cuarto de nosotros, el cual tenía la puerta abierta, no aguanté el miedo y me puse a rezar en mi mente mientras lloraba con los ojos cerrados. En eso un librero de unos 2 metros de altura y 1 y medio de ancho, repleto de libros de todo tipo comenzó a moverse. No aguanté más y abrí los ojos. No había nada ni nadie y se movía solo, como si alguien lo moviera de un extremo y luego del otro, para que así avanzara. Lo más preocupante no fue solo que se moviera solo, sino que estaba moviéndose en dirección a la puerta, para así taparla y no dejarnos escapatoria alguna. En cosa de segundos pensé en tirarme por la ventana, pero luego recordé que sería peor y que estábamos en un segundo piso. En eso ocurrió algo que nunca pensé que ocurriría, la abuela de “David.” salió con una vela y rezando algo que no recuerdo, al terminar gritó: ¡Ándate y no vuelvas más quienquiera que seas! En ese mismo instante paro de moverse el librero que ya casi tapaba la entrada. Se escuchó como alguien corría hacia el primer piso por las escaleras y como algunos cuadros se caían. Se escucharon las campanillas y como nuevamente ladraban los perros. Sentía que el corazón me salía por la boca y noté ahí recién como tiritaba y que no podía parar de hacerlo. La abuela con cara muy calma se asomó detrás del librero con la vela en las manos y nos dijo: Niños tengan cuidado, se cortó la luz, voy a llamar a la compañía para que vean que ha ocurrido. No podía creer lo que estaba escuchando ¿Se cortó la luz? , a quien le importa, yo quería salir de ahí inmediatamente.
“David.”, yo me voy de aquí. Espera, no hagas eso. Espera a que todo se calme un poco. Luego haz lo que quieras. – Dijo “David.” un poco más calmado que antes. “Tomas.” estas bien. – Me preguntó “Faito.” Si. Creo que si. – Físicamente hablando. Hablamos toda la noche de lo ocurrido hasta que amaneció. Luego retornó la electricidad. Lo más curioso fue que al tomar desayuno por la mañana, nadie hablara de lo ocurrido. Creo que se debía a que la abuela de “David.” estaba ahí. Algo raro ocultaba esa señora y nadie, ni “David.” que trató de decirme lo contrario, va a cambiar ese presentimiento.
El sábado hicimos el viaje de todas maneras y “David.” me pidió que si contaba algo, contara que se cayeron los cuadros y nada más. Accedí, es más, no conté nada de lo ocurrido hasta por lo menos 2 semanas después a un sacerdote de mi colegio. Luego de eso lo hable en varias oportunidades con “David.” y su hermano. Desde entonces no he vuelto más a esa casa. No me gustaría vivir nunca más algo parecido. No se lo deseo a nadie. Antes de que me pasara esto no creía en lo sobrenatural, desde entonces no he parado de visitar sitios como este e interesarme en este tipo de cosas, porque sé y estoy 100% seguro de que es real y de que existe.  Lo sobrenatural para mi ya es algo natural, por que existe y lo viví.

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